El presidente del Concilio Evangélico Pentecostal Arca de Salvación manifestó preocupación por la situación que atraviesa la sociedad, señalando que “vivimos tiempos profundamente preocupantes”. Cada día despertamos con noticias dolorosas: feminicidios, atracos, violencia doméstica, jóvenes perdiendo la vida por un celular, por un vehículo o por una simple discusión.
Gabriel Corniel Arias Pastor dijo que la sociedad parece caminar aceleradamente hacia una deshumanización alarmante, donde el valor de la vida se ha ido debilitando y donde muchos actúan sin temor, sin conciencia y sin principios.
Como pastor y como ciudadano dominicano, me preocupa grandemente lo que estamos viendo. No podemos seguir normalizando la violencia ni acostumbrándonos a convivir con el miedo. Algo está pasando en el corazón del ser humano.
“Estamos avanzando en tecnología, pero retrocediendo en valores. Tenemos más acceso a información, pero menos formación moral. Tenemos más comunicación, pero menos diálogo. Más libertades, pero menos dominio propio. Entiendo que este problema no se resuelve solamente con leyes más fuertes o con más patrullas en las calles, aunque ciertamente la justicia y el orden deben cumplir su papel. El problema también es espiritual, familiar y social”, sostuvo.
“Hemos ido dejando de lado principios fundamentales que antes ayudaban a formar generaciones con respeto, disciplina y conciencia. Por eso considero que debemos volver a fortalecer la enseñanza de la moral y cívica en nuestras escuelas. Nuestros niños y jóvenes necesitan aprender nuevamente el valor del respeto, de la convivencia, de la responsabilidad, del amor al prójimo y del temor a Dios”, agregó.
Advirtió que una sociedad sin principios termina perdiendo el rumbo. Asimismo, entiende que debemos fomentar más la orientación familiar y las asesorías matrimoniales. Muchas tragedias nacen de conflictos mal manejados, heridas emocionales no tratadas y hogares destruidos.
Consideró que buscar ayuda no debe verse como debilidad, sino como sabiduría. Necesitamos aprender a dialogar, a perdonar, a manejar las emociones y a resolver conflictos sin violencia.
También, hago un llamado a las iglesias, a las autoridades, a los educadores y a toda la sociedad para que trabajemos unidos en favor de la paz y la restauración de la familia. No podemos quedarnos de brazos cruzados mientras la violencia sigue arrebatando vidas y destruyendo sueños. Pero sobre todas las cosas, creo firmemente que el ser humano necesita volver a Dios.
Solamente en Cristo hay verdadera paz para el corazón. Cuando Cristo gobierna la vida de una persona, transforma su manera de pensar, de actuar y de vivir. El evangelio no solamente cambia conductas; cambia corazones. Nuestro país necesita menos odio y más amor. Menos violencia y más conciencia.
Menos indiferencia y más compasión. Todavía estamos a tiempo de levantar una mejor nación si regresamos a los valores, fortalecemos la familia y permitimos que Dios ocupe el lugar que le corresponde en nuestra sociedad.
Que Dios tenga misericordia de nuestra nación y nos ayude a construir un país más seguro, más humano y más lleno de esperanza.

