Un lugar donde la violencia suele repetirse en silencio y sin intervención efectiva, una historia rompe el patrón. No desde afuera, sino desde el mismo corazón del sistema penitenciario dominicano.
Ruthberkis Suazo, privado de libertad tras cumplir una condena de 15 años por un hecho violento donde su esposa fue víctima de acoso, abuso y maltrato, lo que lo llevó a involucrarse en la defensa de ella, tras cinco meses de provocaciones lo que al final terminó en un hecho lamentable. Suazo ha convertido su historia en un punto de inflexión. Comenzó como una tragedia personal,derivó con el paso del tiempo, en una profunda búsqueda de comprensión sobre el fenómeno de la violencia humana.
Desde entonces, Suazo no ha dejado de estudiar, investigar y formar.
Durante más de ocho años, ha diseñado e implementado programas de reestructuración cognitiva y mindfulness enfocados en el tratamiento del trauma, dirigidos a privados de libertad involucrados en violencia, violencia de género y feminicidios. Su trabajo se ha desarrollado en centros como La Victoria, Najayo Hombres (CCR17) y Najayo Mujeres, donde también ha liderado procesos de sanación de traumas complejos en población femenina privada de libertad.
Lo que hace singular su propuesta no es solo la técnica, sino el contexto: Un modelo de intervención nacido desde la experiencia directa con la violencia, aplicado en escenarios donde la reincidencia suele ser la norma.
En este sentido, el psicólogo Suazo ha incorporado en el proceso de rehabilitación de los internos prácticas psicológicas basadas en evidencias. Reconoce que, si bien los síntomas, rasgos y comportamientos asociados a la violencia son universales y se presentan de manera similar en cualquier parte del mundo, los factores ambientales y socioculturales responden a un contexto único como país. Esta comprensión le ha permitido adaptar las herramientas clínicas a la realidad carcelaria dominicana, logrando una intervención más efectiva y contextualizada.
Formando a quienes intervienen la violencia
El impacto de su trabajo ha trascendido los estereotipos de prevención e intervención de las conductas violentas. A través de su programa, Suazo ha formado a más de 50 psicólogos del sistema penitenciario y alrededor de 250 profesionales de distintas provincias del país, dotándolos de herramientas prácticas para intervenir la conducta violenta en contextos reales.
Su enfoque integra elementos de neurociencia, regulación emocional, trauma y patrones de apego, ofreciendo una mirada profunda sobre las raíces de la agresión. En lugar de centrarse únicamente en el castigo o el control, su modelo propone comprender, intervenir y transformar.
De las Cárceles a la Sociedad
Este esfuerzo no se detiene. Para el próximo mes de mayo, la Fundación Manantial de Vida con más de nueve años de experiencia en programas de prevención de recaídas dentro del sistema penitenciario, proyecta abrir 3 centros de intervención de conductas violentas.
Estos espacios estarán dirigidos a parejas que, a pesar de experimentar dinámicas de violencia, desean mantenerse juntas, pero no han encontrado ayuda efectiva. La iniciativa busca intervenir antes de que la violencia escale a consecuencias irreversibles.
Se trata de un paso crucial: Trasladar el conocimiento generado en las cárceles hacia la prevención en la comunidad.
Un aporte que trasciende lo individual
El trabajo de Suazo también ha captado la atención del ámbito científico. Su investigación, desarrollada durante siete años, ha sido una pieza clave en una reciente publicación liderada por el doctor Jorge Morillo, quien buscó su colaboración para orientar el enfoque del estudio.
Este reconocimiento marca un hito poco común, la integración del conocimiento generado dentro del sistema penitenciario en procesos formales de investigación científica.
Más allá del error
La historia de Ruthberkis Suazo plantea preguntas incómodas pero necesarias:
• ¿Puede una persona que cometió un acto violento convertirse en agente de cambio?
• ¿Estamos aprovechando el conocimiento que surge desde los contextos más críticos?
• ¿Es posible intervenir la violencia de forma efectiva antes de que destruya vidas?
Mientras cumple su condena, Suazo ha optado por una respuesta clara: Transformar el daño en conocimiento útil, y ese conocimiento en herramientas para otros.
En un país donde la violencia sigue siendo un desafío urgente, su trabajo no solo representa una historia de redención personal, sino una propuesta concreta de intervención que podría cambiar muchas más historias.
La creciente demanda dentro de los centros penitenciarios no es casualidad. De acuerdo con los testimonios recogidos durante estos años, el programa en sí mismo ha motivado a quienes lo reciben a involucrar a otros privados de libertad para que también reciban la formación. Esta demanda, lejos de ser exagerada, evidencia el impacto del modelo: los participantes han encontrado en él una respuesta que durante años no habían tenido. Los testimonios de los privados impactados han manifestado que existía una falta de conocimiento importante en el manejo de la inteligencia emocional, una carencia que el programa ha venido a suplir con resultados tangibles.
Porque, a veces, las soluciones más profundas nacen precisamente en los lugares donde más se necesitan.

