La relación entre Kabul y Pakistán atraviesa uno de sus momentos más delicados en años. Lo que comenzó como tensiones fronterizas y acusaciones cruzadas por la presencia de grupos armados, hoy se ha convertido en un escenario de enfrentamientos intermitentes que generan preocupación en toda la región.
Desde el regreso de los talibanes al poder en 2021, tras la retirada de las tropas de Estados Unidos, la frontera afgano-pakistaní se ha vuelto más volátil. Islamabad acusa a Kabul de permitir que milicias como el Tehrik-i-Taliban Pakistan (TTP) operen desde territorio afgano para atacar objetivos dentro de Pakistán. Por su parte, el gobierno talibán niega estas acusaciones y sostiene que Pakistán viola su soberanía con bombardeos y operaciones militares transfronterizas.
¿Por qué estalló la crisis?
El conflicto tiene raíces históricas profundas. La frontera entre ambos países, conocida como la Línea Durand, nunca ha sido plenamente reconocida por Afganistán. Esta división territorial ha sido fuente de tensiones durante décadas, especialmente porque separa comunidades pastunes que comparten vínculos étnicos y familiares a ambos lados.
En los últimos meses, los enfrentamientos se han intensificado tras ataques insurgentes dentro de Pakistán que dejaron decenas de víctimas. Islamabad respondió con ataques aéreos en zonas fronterizas afganas, lo que Kabul calificó como una agresión directa. Las autoridades talibanas han prometido represalias, aumentando el riesgo de una escalada mayor.
Impacto humanitario y regional
La población civil es la más afectada. Cierres de pasos fronterizos como Torkham han paralizado el comercio y limitado el acceso a alimentos y medicinas en zonas ya vulnerables. Además, miles de afganos han sido deportados desde Pakistán en medio de medidas más estrictas contra migrantes indocumentados.
La comunidad internacional observa con preocupación. Una confrontación abierta entre Kabul e Islamabad no solo desestabilizaría aún más a Afganistán, sino que podría afectar la seguridad de Asia del Sur, una región estratégica donde también influyen potencias como China e India.
¿Hacia dónde se dirige el conflicto?
Aunque ninguno de los dos gobiernos ha declarado formalmente la guerra, los intercambios militares y el endurecimiento del discurso político elevan el riesgo de un conflicto más amplio. Expertos consideran que la clave estará en la cooperación en seguridad y en mecanismos diplomáticos que permitan reducir la violencia en la frontera.
Por ahora, Kabul y Pakistán se encuentran en un frágil equilibrio: una relación marcada por la desconfianza, la presión interna y la amenaza constante de nuevos enfrentamientos.

