PALABRAS PRESIDENTE
Mensaje al Pueblo Dominicano por la Guerra en Irán y las consecuencias económicas para el país.
Pueblo dominicano,
Me dirijo hoy a ustedes para hablar con claridad y responsabilidad sobre un tema que preocupa actualmente al mundo entero; la guerra que se desarrolla en Irán y sus repercusiones en los precios internacionales, especialmente en el petróleo, los combustibles y algunos alimentos.
Permítanme hablarles con franqueza, pero también con serenidad. Sin dramatismos, pero sin evasivas. Como se habla cuando un país necesita entender con claridad el momento que está viviendo.
La República Dominicana es una economía muy abierta e integrada al mundo. Cuando ocurren conflictos internacionales de esta magnitud, se generan tensiones en los mercados globales que pueden traducirse en aumentos de costos en el transporte, la energía y las materias primas. Y esta es una realidad que ningún país, y especialmente como el nuestro, puede ignorar.
Si queremos comprender la magnitud de lo que está ocurriendo, debemos mirar un punto clave del mapa: el estrecho de Ormuz, en el golfo Pérsico. Por esa vía transita cerca del 20% del petróleo y Gas Natural que consume el mundo. Hoy ese flujo se ha visto severamente afectado, provocando una de las mayores interrupciones de suministro en la historia reciente del mercado petrolero global.
El resultado es un mercado en tensión, con aumentos significativos en el precio del crudo y, sobre todo, en productos que impactan directamente la vida cotidiana: el diésel que mueve el transporte, el combustible de aviación que sostiene el turismo, o el gas licuado que utilizan miles de hogares.
Es importante entenderlo con claridad: la República Dominicana importa la totalidad de los combustibles que consume. No fijamos esos precios, los recibimos. Y cuando esos precios suben, su impacto se traslada inevitablemente a nuestra economía.
Pero quiero decirles también algo con seguridad y firmeza: nuestro país está preparado para enfrentar este tipo de situaciones.
No sería la primera vez que los dominicanos atravesamos un escenario internacional complejo. Hemos enfrentado choques inflacionarios globales provocados por la pandemia, por la crisis logística mundial y por la guerra en Europa. Y en cada uno de esos momentos difíciles, la República Dominicana resistió, protegió a su gente y mantuvo la estabilidad económica.
Hoy contamos con una economía más fuerte, con instituciones más preparadas y con herramientas que nos permiten actuar con rapidez para amortiguar cualquier impacto que pueda surgir.
Quiero anunciarles que el Gobierno ha activado ya todos los mecanismos para dar seguimiento diario a la evolución de los precios internacionales y anticipar cualquier impacto en nuestra economía.
Y ante esta coyuntura, nos hemos planteado tres objetivos fundamentales que quiero compartir con ustedes:
En primer lugar; mantener a toda costa la estabilidad macroeconómica, fiscal y social. Para ello, seguiremos protegiendo a los hogares más vulnerables, fortaleciendo los programas sociales y reasignando recursos desde partidas menos prioritarias. Ya hemos identificado cerca de 10,000 millones de pesos que podrán destinarse a estos fines sin aumentar el gasto total.
En segundo lugar; estamos monitoreando los precios de alimentos e insumos agropecuarios e implementaremos nuevamente un subsidio a los fertilizantes, por un monto inicial de 1,000 millones de pesos para mantener sus precios a los que estaban previo a la crisis. De esta manera evitar que el aumento internacional de los fertilizantes se traduzca en mayores precios de alimentos a las familias dominicanas.
Y, en tercer lugar; procuraremos sostener la inversión pública como motor del crecimiento económico, incluso en este contexto internacional complejo. Sabemos que la coyuntura no puede determinar ni deteriorar nuestro futuro.
Ahora bien, hay algo importante que debemos comprender como país.
El Estado ha venido amortiguando el impacto de estos aumentos mediante subsidios a los combustibles y a la electricidad. Ese esfuerzo ha sido significativo y necesario.
En el año 2025 subsidiamos por un monto de 11,500 millones de pesos al combustible y a la electricidad con otros 105 mil millones. Y en lo que va de 2026 el subsidio al combustible asciende ya a unos 4,000 millones de pesos.
El presupuesto para el año 2026 se realizó con un petróleo a 65 dólares por barril, el aumento a casi 100 dólares tiene un costo fiscal creciente que, de mantenerse sin ajustes, comprometería la sostenibilidad de las finanzas públicas.
Por eso, los ajustes graduales que hemos implementado en los precios de los combustibles son una respuesta responsable ante una realidad externa exigente.
La corrección parcial en las gasolinas y el gasoil —de entre 5.2% y 6.7%— permitirá reducir el subsidio en al menos 12,000 millones de pesos en lo que resta del año.
Aun así, los combustibles continuarán siendo subsidiados por montos que en algunos casos superan los 100 pesos por galón, y hemos decidido mantener sin variación el precio del GLP, por su impacto directo en los hogares más vulnerables.
Pero debemos ser claros y quiero ser honesto con ustedes: ante esta situación será necesario asumir ciertos sacrificios. No desproporcionados, no indiscriminados, pero sí inevitables.
Habrá presiones en las tarifas eléctricas, en los costos de transporte y, en alguna medida, en los precios de los alimentos. No porque nuestra economía tenga debilidades, sino porque enfrentamos un choque externo de gran magnitud.
El Gobierno asumirá la mayor parte del esfuerzo, pero también se requiere una responsabilidad compartida.
Las empresas pueden adoptar esquemas de trabajo remoto, los ciudadanos pueden optimizar el uso de combustible, y como sociedad debemos actuar con conciencia y eficiencia.
Ahora bien, también es importante poner esta coyuntura en perspectiva.
La República Dominicana continúa siendo una de las economías más dinámicas de la región. Mantiene el crecimiento, la estabilidad y confianza. No estamos ante una crisis generada desde dentro, sino ante un choque externo. Y esa diferencia es fundamental.
Desde el punto de vista fiscal y financiero, el país llega a este momento con una posición sólida. Contamos con una liquidez robusta, acceso a financiamiento internacional y reservas que superan los 16,000 millones de dólares.
A esto se suman decisiones anticipadas que fortalecen nuestra capacidad de respuesta, así como ingresos adicionales derivados de la minería y de una mejor recaudación tributaria fruto de nuestro crecimiento y nuestra eficacia impositiva.
En el sector eléctrico, históricamente vulnerable a estos choques, hoy contamos con mejores condiciones. La diversificación de la matriz energética, el mayor peso de las renovables y decisiones estratégicas como la fijación del precio del carbón en Punta Catalina y contratos de gas natural ya asegurados por un año, permitirán amortiguar significativamente el impacto.
Nuestro objetivo con todo esto es claro: que cualquier turbulencia internacional tenga el menor impacto posible en la vida cotidiana de los dominicanos.
Pero este momento también nos deja una lección de futuro. Nos recuerda la necesidad de reducir nuestra dependencia de los combustibles fósiles, de acelerar la transición hacia energías renovables y de seguir construyendo una economía más resiliente, diversificada y fuerte.
Dominicanos y dominicanas,
En momentos de incertidumbre global, lo más importante es actuar con serenidad, responsabilidad y visión de país.
Este gobierno seguirá tomando todas las decisiones necesarias para defender la estabilidad económica, proteger el poder adquisitivo de nuestras familias y garantizar que la República Dominicana continúe avanzando con paso firme.
Hemos demostrado que sabemos enfrentar las crisis sin perder el rumbo. Lo hicimos en el pasado reciente y lo volveremos a hacer ahora, con planificación, con firmeza y poniendo siempre en el centro a nuestra gente.
Quiero que cada dominicano y dominicana tenga la certeza de que este gobierno estará vigilante, actuando cuando sea necesario y utilizando todas las herramientas del Estado para proteger a las familias y mantener nuestro rumbo como país.
Porque el mayor riesgo no es realizar ajustes responsables en el presente, sino posponer decisiones y enfrentar costos mucho mayores en el futuro.
Los dominicanos hemos demostrado, en múltiples ocasiones, nuestra capacidad de adaptación y superación. Esta no será la excepción.
Sí, el momento exige conciencia. Exige responsabilidad. Y exige una cuota de sacrificio compartido. Pero también exige confianza.
Confianza en que se están tomando decisiones para proteger la estabilidad del país. Confianza en que este es un período transitorio. Y confianza en que, si actuamos correctamente, saldremos fortalecidos y con las mínimas consecuencias posibles.
La historia económica de la República Dominicana es, en buena medida, la historia de su capacidad para superar desafíos. Y este es, precisamente, uno de esos momentos.
Sigamos adelante, con claridad, con equilibrio y con determinación. Porque este país no se detiene. Este país se ajusta, se adapta y continúa avanzando.
En eso, no tengan duda, trabajará su gobierno y su presidente las 24 horas del día.
Muchas gracias y que Dios les bendiga siempre.

